Tan lejos, tan cerca

No he podido dormir en varios días y no es por insomnio. Alguna vez hablé sobre el insecto de Kafka en este blog. Pues esto es al revés: estar despierta hace que me sienta como ese insecto; dormir me devolverá a la paz humana que no tengo. ¿La razón? Descubrí la verdad sobre la desaparición de Juana: es algo tan espantoso que me quedé así, sin poder dormir, con la peor sensación del mundo en el pecho y los ojos abiertos todo el tiempo, como si viviera asustada cada segundo de la vida por algo distinto cada vez.
Ay, mi Lost Girl, tuve la verdad en la cara todo el tiempo, a mi lado, en clase, en la casa, en mis amistades, y no fui lo suficientemente inteligente para darme cuenta. Estas grandes gafas que tengo no sirvieron para ver nada. Mi bicicleta no me llevó a ninguna parte que no fuera un lugar equivocado. Mis conversaciones por teléfono fueron solo ruido. Creí encontrarte y te ibas como agua entre mis manos, porque el verdadero culpable siempre estuvo ahí y así quiso que pasara. No sé hasta qué punto ayudé a que este juego cruel siguiera adelante, me espanta poder pensar que me usaron para distraer a todos aquellos que buscaban a Juana. No sé si pueda mirarte a los ojos cuando vuelvas a aparecer. Porque sé que vas a aparecer. Quiero creer que vas a aparecer sana y salva, querida Juana. Ya no tengo ninguna certeza de nada. No hay hermano que sea fiel, ni profesor que te enseñe algo sin que pierdas la confianza en todo. Tu madre parece tu hija. La persona que te había enamorado ahora es una monstruosa pesadilla de la que no puedes salir, simplemente porque estás despierta y no puedes despertar dos veces a la vez.
Tengo mucho miedo. No sé si soy la siguiente en este juego. Si esa bestia que arrastró a Juana ahora viene por mí. No tengo la suficiente fuerza para gritar, porque sé que terminaría por destruir mi vida si no logro probar que fueron ellos. Sé que son los culpables, lo sé como última idea correcta que sobrevive en mi cabeza, pero es algo que no he podido atar para llevar a la Policía o a la mamá de Juana. Es algo que no puedo demostrar pese a su innegable veracidad, como si me pidieran la fórmula de la gravedad de un cuerpo para demostrar que se cae, cuando soy yo misma cayendo sin final por ese hueco que se abrió debajo de mis pies cuando descubrí la verdad de todo.

Solo quiero, por fin, llorar cerca de mi Juana.



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