Chica indiscreta



Aunque en tu casa te espera la enfermedad de alguien, el genio de un inmaduro, las grietas y ruinas de la relación familiar, hay días en los que llegas allí y te sientes aliviada. Afuera hay cosas que te asquean, desde el colegio hasta la puerta de tu casa. Todo el mundo se traiciona, nada ni nadie se mueve sin dinero, todos son apariencias, como si la vida fuera una gran red social. Las personas son superficiales con ganas.
A mí me gusta mucho ver Gossip Girl, no sé por qué. No he parado de repetírmela, aunque hace años que terminaron de producirla. Me gusta y la odio al mismo tiempo. A veces me siento rodeada de las protagonistas de la serie cuando estoy en el colegio. Gente con mucho dinero en las cuentas de sus padres, gente bonita, gente que se sonríe entre sí todo el día, gente que se odia en secreto y que, al final, sufren tanto o más que “la gente del común”.
Gossip Girl es lo mejor. ¿Recuerdas cuando Blair le rompió el corazón a Chuck? Era algo como: “En otoño dijiste que no podíamos estar más, pero, cada vez que intento pasar página, estás ahí”.  Y cuando creíamos que iban a volver los dos, ella dejaba en claro que era imposible: “El hecho que no podamos estar juntos no significa que no te ame”. Ese diálogo también hace parte del mundo ideal, del mundo de serie de televisión, hermoso y alejado de la realidad que vivimos. Del mundo donde los bailes de graduación son noches mágicas, cuando en tu vida, la vida real, los bailes de colegio son fiestas llenas de intrigas y traiciones, muchachas que se recogen (luego de haberlo peinado tanto horas antes) el pelo para vomitar, muchachos que intercambian ácidos y pepas, amigas manoseadas y que se aguantan porque sí.
Aunque todos en mi colegio parezcan sacados de Gossip Girl, pueden ser peores. Pueden ser una boleta.
Cuando suena la campana al final de la clase, en realidad empieza el día para ellos. Les gusta hacer esperar a los escoltas y rutas mucho tiempo, mientras exigen de pie una atención a lo perfecta que es su vida. Si pudieran, llevarían un letrero gigante anunciando lo mucho que han viajado, los destinos que vienen este año, las veces que han comprado ropa en EE. UU, las cosas que hacen los sábados en los clubes de la Sabana, lo “atrevida” que es la gente que les sirve. Y cuando ya alguien, que se supone es tu amiga, te ha explicado su alta posición en la vida, lo linda que es, la cantidad de manes que le caen, luego resulta hablando de lo mucho que ayudan a la gente, solo porque es rica y ellos pobres. Allí empieza una brecha que te a va separar por siempre de tus compañeros de colegio, de sus perfectas vidas ricas, y ella dirá: “El hecho que no podamos estar juntas no significa que no te ame”. Luego se despiden y se montan a sus camionetas blindadas, y ella no está junto a ti ni mucho menos te ama.
Entonces entras a tu habitación, abres el blog y empiezas a ser una chica indiscreta.

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