En busca de Lost Girl

Suena irónico, pero una persona desaparecida empieza a ocupar con su ausencia todos los espacios de tu vida. Es un pensamiento inevitable en todo lo que haces. No puedes negarlo. Ni siquiera es un fantasma, y lo ves en cada rincón de tu casa, en cada palabra que oyes, en cada cosa que quieres que pase.
Desde que Juana desapareció, el resto de cosas dejaron de importarme. Total, tengo un hogar de mentiras. Me duele más el dolor de la mamá de Juana que el de mi propia madre. Hace días no veo a mi hermano y no me importa. He estado tentada a llamar a la línea de atención a las mujeres que tiene la Alcaldía porque necesito que alguien me oiga y me explique cómo puede uno tolerar los días en que se imagina cosas horribles, pero me da vergüenza decir todo lo que pienso y siento completamente desesperada. Necesito que Juana aparezca sana y salva.
No puedo dejar de pensar en qué pudo pasar. Piensas en ella como una persona con defectos (incluso como en una pésima amiga), y no te cabe en la cabeza que pudiera hacer nada malo. O sea, que haya gusaneado al man que me gusta no la hace un monstruo digno de desaparecer.
Dicen que la verdad está más cerca de lo que p
iensas. Siempre he sospechado de D, el profesor que continuamente ves rodeado de alumnas después de clase. Incluso la madre de J llegó al colegio acompañada de policías para interrogarlo. Obviamente no iba a confesar nada, así que lo dejaron ir.
Solo sé que puedo acercarme a él a través de Irene. Ella ha cambiado mucho últimamente en todo. Desde que habla con él, cambió radicalmente su forma de vestir y hasta se quitó el pelo. Es como si este tipo absorbiera el cerebro de todas las alumnas para hacer con ellas lo que quiere. Como maestro zombi, un falso gurú, un encantador de serpientes.
Intenté acércame a Irene para hablar del tema. Básicamente fui por lana y salí trasquilada. Sentí su mala onda, su energía de zombi absorbida por la mente de D. Me miraba con una rabia que la verdad no entendí. Me juzgo por estar mal con Juana y me hizo sentir muy mal. Es como si yo le fastidiara. Al fin y al cabo, soy de las poquísimas que no ha caído en los tentáculos de D.
Irene lo único que hace es evitarme, decir que debí preocuparme por Juana antes de que desapareciera, no ahora, cuando ya no vale para nada.

En ese momento giré la cara para que no me viera llorar y me di cuenta que en los cerros del fondo estaba lloviendo como nunca.

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