¿Papá?


Kafka pensaba que su padre lo despreciaba. Quizá por eso luego se sintió como un bicho, una enorme cucaracha acomodada en su cama. El día anterior, esa cucaracha era una persona normal, un hombre cualquiera, pero, al despertar, en lugar de sus brazos veía largos tentáculos, y su boca se había convertido en una mezcla de aspiradora con tenazas babosas. ¡Era un insecto gigante! Solo su madre comprendió al bicho, dándole de desayuno un plato de agua con terrones de azúcar. Sé que saben de lo que hablo.
El padre ausente deja un vacío imposible de explicar. Más allá de la melancolía en el Día Nacional del Padre, de la publicidad idiota del hombre protector con sus fuertes brazos velludos, hay algo en esa ausencia que nos convierte en bichos perseguidos por raquetas eléctricas e insecticidas. Es una mezcla entre añorar que vuelva y odiarlo por lo mismo; odiarlo, porque si vuelve fue porque antes te abandonó. ¿Contradictorio? ¡Solo un bicho puede sentir algo así!
El bicho mira por la puerta.  Y todo se acaba, está bien, cuando no hay la suficiente fuerza para subir tu bicicleta al segundo piso donde vives. No es que te falten fuerzas para subirla porque eres mujer, es que simplemente no tienes ganas de hacerlo, ganas de nada. Arriba te espera incluso una madre resignada a su “pérdida” para siempre, un hermano al que no le interesa el tema. Son incapaces de sostener la unión familiar más allá de ese padre huído. Y el bicho sigue mirando por la puerta...

Papá siempre volvía de la tienda con alguna colombina extra para nosotros. Al recibirla, yo sentía que se abría la vía láctea entera sobre mí, llena de felicidad. Papá era fuerte, con una fuerza llena de afecto que recuerdo en momentos de debilidad extrema. ¿Entonces por qué no tuvo fuerzas para quedarse? ¿Qué lo hizo huir? ¿Qué lo aleja de acá? Pero, obvio, eras feliz con una colombina, como si fueras un bicho hambriento de azúcar...
Al final de la historia, Kafka convirtió la ausencia familiar en una ventaja para él. La hizo una forma de fortalecerse, de ser mejor ante la adversidad, por más demente que parezca la realidad.
Si no han leído la Metamorfosis, es justamente el momento de hacerlo.

Lost Girl


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