¿Cómo es perder el estrato social?



Las historias de quiebra económica suelen estar acompañadas de dramas comparables a la muerte misma. Las familias pierden todos sus objetos materiales en una sacudida que nadie espera. Las casas en donde crecimos se cambian por cubos grises y pequeños, con baños molestos y habitaciones en las que es difícil acostumbrarse a dormir. Los ventanales gigantes se convierten en pequeñas ventanas sucias. El dinero ya no alcanza para comprar lo acostumbrado y las amistades se alejan de a poquitos. Eso es la quiebra.
Vas a pasar en todos los documentos oficiales de ser un orgulloso 6 a un modesto 4 o un preocupante 3. Tu madre ya no querrá salir ni a la tienda, por el miedo a que pase algún viejo conocido y la reconozca en su desgracia. Todo el mundo como lo conoces será desbaratado, mientras tu madre se desespera y se recluye hasta el punto de ni siquiera salir al corredor o la cocina.
Pero hoy vengo a hablar a favor de tener mucho en la cabeza para que no duela tener menos en los bolsillos.
Dice Buda: la impermanencia y el desapego son algunas de las claves para poder vivir mejor. Cuando te dejan de importar las cosas que ya no tienes, cuando dejas de desearlas para atormentarte, es el inicio de la felicidad.  Dejar de tenerlo todo no es el fin. Cuando menos lo piensas, te das cuenta que sigues comiendo tres veces al día, que vives bajo un techo que te resguarda del frío y la lluvia, que las ventanas pequeñas pueden abrirse y albergar tus materas más queridas. No es el fin. Finalmente, aún conservas tu cabeza y tu bicicleta. ¿Para qué más? De pronto hoy me siento más optimista. Salió el sol. Ya veremos cuánto me dura.


Y, más importante, todo cambia, todo muta, todo está en constante movimiento, como las aguas de un río. Tu gran y antigua casa ha cambiado en una más pequeña, como tú, que cambiaste de ser una apacible niña a una mujer que observa desde la ventana. Tus amistades se convierten en otra cosa todos los años, pues las personas van y vienen en ese río. El dinero es algo que se deshace como agua en las manos, es normal que se vaya.

No aferrarte a nada, no desear. No tener estrato en nada.

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